Exgobernador enfrenta acusaciones y busca debilitar al morenismo
El periodista José Elías de la Peña desnuda la campaña negra de Francisco García Cabeza de Vaca, exgobernador de Tamaulipas, quien desde que dejó el poder en 2022 ha buscado regresar a la política a cualquier costo. El texto revela cómo, con dinero y operadores políticos, Cabeza de Vaca ha emprendido ataques sistemáticos contra el gobierno de Américo Villarreal Anaya, en un intento desesperado por mantener influencia mientras enfrenta graves acusaciones judiciales.
Francisco García Cabeza de Vaca, exgobernador de Tamaulipas, está empeñado en regresar a la escena política a cualquier costo y, desde que dejó el poder en 2022, el panista ha financiado una campaña negra en redes sociales y medios de comunicación para golpear al gobierno de Américo Villarreal Anaya.
El objetivo es claro: debilitar a sus adversarios y mantener viva la narrativa de que todavía tiene influencia en la política nacional, pese a que enfrenta acusaciones de delincuencia organizada, operaciones con recursos de procedencia ilícita y defraudación fiscal; procesos que lo han mantenido bajo la lupa de la Fiscalía General de la República.
Durante su sexenio, Cabeza de Vaca utilizó las instituciones de seguridad y justicia para perseguir opositores, mientras tejía alianzas con grupos criminales y empresarios favorecidos con contratos irregulares.
Ese esquema de control se rompió en las urnas, cuando perdió la gubernatura, y desde entonces opera con una sola estrategia: atacar al gobierno de Américo Villarreal y al morenismo, sembrando dudas sobre su legitimidad. La campaña de desinformación y mentiras de las últimas horas en espacios nacionales, donde ha utilizado a una reportera de nombre Shalma Castillo, es una pequeña prueba de ello.
En redes sociales y páginas anónimas se difunden versiones fabricadas que buscan vincular a empresarios y funcionarios con el crimen organizado. Apenas esta semana, un constructor tuvo que desmentir públicamente que tuviera nexos con un delincuente recién extraditado a Estados Unidos, demostrando la fragilidad de la narrativa impulsada por el exmandatario.
Cabeza no actúa solo. Detrás de él están Rodolfo Gil Zuarth, Javier Lozano Alarcón, Max Cortázar y Javier Coello Trejo, además de medios como Latinus, Reforma y El Norte; operadores políticos y legales que manejan la estrategia mediática, lo defienden en tribunales y reparten acusaciones contra sus enemigos. Se trata de un grupo que no sólo administra la imagen del exgobernador, sino que busca reinstalar a la red política que dominó Tamaulipas durante seis años.
La apuesta de Cabeza es golpear al gobierno de Villarreal Anaya, influir en la percepción nacional sobre la administración de Claudia Sheinbaum y allanar el camino para recuperar espacios de poder; pero la realidad es que carga con órdenes de aprehensión pendientes y señalamientos de haber desviado millones de pesos del erario tamaulipeco.
Lo que hoy se libra no es un debate político, sino una guerra mediática financiada con dinero de dudosa procedencia. La pregunta es si Cabeza de Vaca podrá imponer su versión de los hechos o si terminará enfrentando de lleno las consecuencias legales que lo persiguen desde que abandonó el Palacio de Gobierno en Ciudad Victoria.
Su circunstancia está muy clara: enloqueció tras perder el poder, y la suya es la locura de un psicópata dispuesto a saciar sus desbocadas y enfermizas ambiciones.
El análisis de De la Peña deja en claro que la estrategia de Cabeza de Vaca no se trata de un debate político legítimo, sino de una guerra mediática alimentada por ambición y dinero de dudosa procedencia. El tiempo dirá si el exgobernador logra sostener su narrativa o si terminará enfrentando de lleno las consecuencias legales que lo persiguen.
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