La ley indígena prometida por el Gobierno federal no llegó al Congreso el 12 de octubre, como se había anunciado desde junio. Claudia Sheinbaum amplió la consulta sin fijar una nueva fecha, después de que comunidades presentaron amparos contra la metodología y el Congreso Nacional Indígena rechazó el proyecto por considerar que limita su autonomía.
La ley indígena incumple el calendario original
El Gobierno había fijado una ruta de cinco etapas para elaborar la Ley General de Derechos de los Pueblos Indígenas y Afromexicanos. La convocatoria oficial del 29 de junio contemplaba informar a las comunidades entre julio y agosto, realizar deliberaciones hasta septiembre, incorporar las propuestas y entregar la iniciativa a la Cámara de Diputados el 12 de octubre.
Ese último paso no ocurrió. Durante un encuentro en Palacio Nacional, Sheinbaum dijo que todavía existen temas pendientes y que la propuesta sólo será enviada cuando los pueblos originarios y afromexicanos indiquen que está lista. La Presidencia presentó la ampliación como respuesta a la petición de representantes comunitarios que solicitaron más tiempo.
La decisión evita cerrar apresuradamente un proceso que debía abarcar a 16 mil 728 comunidades, 69 pueblos indígenas y el pueblo afromexicano. Sin embargo, el anuncio no incluyó un nuevo calendario, criterios para corregir las objeciones ni una fecha límite. La indefinición mantiene pendiente la ley reglamentaria del artículo segundo constitucional, clave para derechos de autonomía, libre determinación, territorio y presupuesto público.
Amparos cuestionan la consulta del INPI
La prórroga ocurre después de una impugnación colectiva presentada el 8 de octubre por 30 autoridades tradicionales de comunidades purépechas, matlatzincas o pirindas, nahuas y afromexicanas de Michoacán. En su comunicado sobre los amparos, señalaron que una propuesta de más de 450 artículos fue sometida a foros de hasta cinco horas con sedes, tiempos y reglas definidos unilateralmente por el Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas.
Los promoventes también afirmaron que 109 comunidades michoacanas quedaron fuera por no aparecer en el catálogo del INPI. Esas acusaciones forman parte de la demanda y todavía no constituyen una resolución judicial. El objetivo declarado del litigio es anular la convocatoria y obligar a diseñar otro mecanismo acordado con las asambleas comunitarias.
El reclamo trasciende el procedimiento. El Congreso Nacional Indígena publicó un pronunciamiento de rechazo en el que calificó la iniciativa como regresiva y sostuvo que la consulta debe ser facultad de los propios pueblos, no una decisión del Estado. La organización vinculó su oposición con la defensa de territorios frente a proyectos extractivos, infraestructura y militarización.
La ampliación abre una oportunidad, pero exige reglas claras
Posponer la iniciativa puede permitir que el Gobierno corrija un proceso cuestionado antes de convertirlo en ley. El punto de rendición de cuentas será comprobar si la extensión cambia realmente la metodología: quién participa, cómo se incorporan las propuestas, qué comunidades fueron excluidas y cuáles observaciones serán vinculantes.
El Congreso también deberá revisar el proyecto con una discusión pública suficiente. En otros asuntos, el Senado ha anunciado comparecencias para evaluar resultados del Gobierno; un estándar similar de control legislativo será necesario en una norma de este alcance. Además, la discusión debería considerar avances previos como la educación indígena plurilingüe respaldada por el Senado.
El aplazamiento, por sí solo, no resuelve el conflicto. La prueba será si la nueva etapa produce acuerdos verificables y una iniciativa construida con consentimiento informado, o si únicamente desplaza la fecha de una propuesta que ya enfrenta rechazo social y litigios.







