Presiones de Washington, sanciones y giro político en Caracas
La asunción de Delcy Rodríguez como jefa interina de Venezuela abrió una etapa marcada por exigencias inmediatas de Estados Unidos, que busca un giro profundo en la política exterior y de seguridad del país para evitar nuevas represalias similares a las aplicadas contra Nicolás Maduro.
Las condiciones impuestas por Estados Unidos
Washington estableció una agenda precisa que Rodríguez deberá cumplir en el corto plazo. Entre las principales exigencias figura el fortalecimiento del combate contra el narcotráfico en Venezuela, considerado por la Casa Blanca como un punto crítico para la estabilidad regional y la seguridad hemisférica.
Otra demanda central es la expulsión de agentes iraníes, cubanos y de otros países considerados adversarios estratégicos de Estados Unidos. A esto se suma la exigencia de frenar la venta de petróleo venezolano a rivales geopolíticos de Washington, una medida que apunta a modificar el alineamiento internacional sostenido por Caracas durante las últimas décadas.
La Casa Blanca advirtió que el incumplimiento de estas condiciones podría derivar en nuevas acciones, incluidas opciones militares, mientras que el eventual alivio de sanciones quedó supeditado a avances concretos por parte del gobierno interino.
Presión financiera y advertencias directas
Uno de los principales instrumentos de presión sobre Delcy Rodríguez es el control de sus activos financieros en el exterior. Según fuentes citadas por Politico, parte de esos recursos se concentraría en Doha, Catar, y existiría también información sobre fondos en Turquía.
Funcionarios estadounidenses consideran que la sola mención de negociaciones sobre estos activos funciona como una amenaza efectiva. Desde la administración de Donald Trump sostienen que este factor puede ser determinante para condicionar las decisiones de la líder interina y garantizar su alineamiento con la agenda estadounidense.
Por el momento, Washington no evalúa levantar sanciones ni enviar ayuda humanitaria significativa a Venezuela, en un contexto interno marcado por la falta de consenso dentro del propio gobierno estadounidense y por los recortes presupuestarios que afectan al Departamento de Estado.

Un liderazgo vigilado en un entorno inestable
El margen de maniobra de Delcy Rodríguez es reducido y se encuentra bajo estricta supervisión. Personas cercanas a la administración Trump creen que su gestión puede ser condicionada completamente antes de avanzar hacia una nueva fase política en el país.
Rodríguez pasó en pocos días de condenar con dureza la captura de Nicolás Maduro a manifestar su disposición a trabajar con Washington en una agenda de cooperación. Ese giro genera fuertes tensiones dentro de un entorno político que durante casi tres décadas identificó a Estados Unidos como su principal adversario.
A su alrededor permanecen figuras clave del chavismo, como responsables del área de seguridad y defensa, cuyas lealtades y capacidades armadas configuran un escenario interno frágil. En paralelo, Estados Unidos exige la liberación de ciudadanos estadounidenses detenidos en Venezuela, aunque no existe, al menos públicamente, una demanda similar respecto a presos políticos venezolanos.
El futuro inmediato del país queda atravesado por presiones externas, expectativas de reformas internas y la advertencia latente de una nueva intervención militar. La incógnita central sigue siendo hasta dónde llegará la autonomía real de Delcy Rodríguez en un contexto dominado por la influencia directa de la Casa Blanca.







