La presidenta Claudia Sheinbaum confirmó este lunes que Zoé Robledo seguirá al frente del IMSS, pese a las protestas de trabajadores por salarios, abasto, infraestructura y falta de personal. La decisión mantiene al director en el cargo, pero traslada la prueba de su continuidad a una nueva propuesta integral cuyo costo deberá acordarse con la Secretaría de Hacienda.
Zoé Robledo seguirá al frente del IMSS
En su conferencia del 19 de octubre, Sheinbaum respondió que la permanencia de Robledo no está en duda y aseguró que el funcionario atiende “todo lo necesario”. De acuerdo con la versión estenográfica de Presidencia, el director trabaja en una propuesta integral y sostiene mesas con el sindicato.
La ratificación política ocurre después de que la inconformidad rebasó la negociación salarial. Personal activo, jubilados y pensionados han colocado en la discusión pública el deterioro de instalaciones, la falta de medicamentos e insumos y la sobrecarga laboral. El conflicto ya había obligado al Gobierno a abrir una nueva mesa, como documentó esta casa editorial al informar que las protestas del IMSS continuaron pese al diálogo salarial.
Sheinbaum pidió que la siguiente oferta no se limite al ingreso de los trabajadores, sino que incluya mejoras en la operación de clínicas y hospitales. También adelantó la participación de Hacienda, una señal de que cualquier compromiso dependerá de recursos presupuestales. Sin monto, calendario ni metas públicas, la nueva propuesta permanece todavía en fase de negociación.
Oferta rechazada y carencias acumuladas
El punto de partida fue un incremento global de 6.8%: 2.9% al salario tabular y 3.9% en prestaciones. El propio IMSS informó esa composición antes de la consulta del 14 de octubre y reconoció saturación, tiempos de espera y desafíos de abasto, aunque reportó un suministro promedio de recetas de 94%.
La mayoría de quienes participaron rechazó el acuerdo, según reportes periodísticos. El País señaló que votó alrededor de 60% del padrón y que la disidencia convocó a una segunda movilización en Ciudad de México. El dato obliga a separar dos planos: el porcentaje negociado por la dirigencia sindical y las condiciones materiales que denuncian trabajadores en las unidades médicas.
El Gobierno sostiene que el IMSS amplió su plantilla en 109 mil personas desde 2019, abrió hospitales y extendió turnos. Esos avances no eliminan la presión de una institución que atiende a una población creciente. La propia administración ha admitido fallas y riesgos de corrupción en el sistema de salud, mientras auditorías a la compra y distribución de medicamentos han mostrado que el problema también alcanza a proveedores públicos, como ocurrió con el posible daño detectado en Birmex.
La continuidad exige resultados verificables
Ratificar a Robledo cierra, por ahora, la discusión sobre su salida, pero no resuelve el conflicto. El director deberá traducir el respaldo presidencial en un acuerdo aceptable y en medidas medibles sobre surtimiento de recetas, personal por unidad, mantenimiento, tiempos de espera y condiciones de jubilación.
Sheinbaum también marcó distancia de la exigencia de remover al dirigente sindical Rafael Olivos: dijo que corresponde a la vida interna del sindicato. Esa precisión no impide que el IMSS rinda cuentas por la operación de hospitales ni que Hacienda explique el margen financiero de la oferta.
La nueva mesa será evaluada por sus resultados, no por el anuncio. Si el Gobierno presenta cifras, plazos y responsables, podrá contrastarse el avance con los reclamos. Si la propuesta vuelve a concentrarse en porcentajes sin atender insumos y cargas de trabajo, la permanencia de Zoé Robledo quedará asociada a un conflicto que el respaldo presidencial no basta para cerrar.







