HR Ratings redujo la calificación soberana de México de HR BBB+ (G) a HR BBB (G), con perspectiva estable, al señalar un deterioro fiscal persistente, mayor deuda y crecimiento económico débil. El ajuste, divulgado el 15 de octubre, mantiene al país en grado de inversión, pero eleva la exigencia de que Hacienda cumpla sus metas y explique cómo estabilizará las finanzas públicas.
Calificación de México: cinco años de déficits elevados
La calificadora mexicana atribuyó la baja a que el déficit amplio del sector público —los Requerimientos Financieros del Sector Público— superaría 4% del producto interno bruto por quinto año consecutivo. Para 2026 estima un saldo negativo equivalente a 4.6% del PIB, una cifra que rebasa la trayectoria necesaria para estabilizar la deuda.
El informe de HR Ratings proyecta que la deuda pública medida por el Saldo Histórico de los Requerimientos Financieros del Sector Público alcance 54.5% del PIB en 2026. Bajo su escenario base, subiría a 61.2% en 2030 y a 65.6% en 2033.
La perspectiva estable implica que HR Ratings no anticipa otra modificación inmediata. También significa que México conserva el grado de inversión dentro de la escala de esa agencia. No obstante, la rebaja envía una señal de cautela sobre el espacio fiscal disponible para absorber choques, financiar programas y atender compromisos de empresas públicas.
El diagnóstico coincide en dirección con una advertencia reciente del Fondo Monetario Internacional sobre la deuda de México, aunque las cifras y metodologías de ambas instituciones no son idénticas.
Deuda y bajo crecimiento presionan las finanzas públicas
HR Ratings prevé que la economía mexicana crezca 1.3% en 2026, por debajo del 1.5% que la Secretaría de Hacienda ha planteado como referencia. A largo plazo, la calificadora supone un avance promedio de 1.5%, insuficiente para reducir con rapidez la relación entre deuda y PIB si los déficits permanecen elevados.
El problema no es solamente el monto del endeudamiento. Un crecimiento débil limita la recaudación, mientras el mayor costo financiero desplaza recursos que podrían destinarse a inversión pública, salud, seguridad o infraestructura. En su análisis, la agencia también identifica como presión los apoyos a Pemex y la necesidad de mejorar la productividad.
Las previsiones no son hechos consumados: dependen del crecimiento, las tasas de interés, el tipo de cambio, el balance petrolero y las decisiones presupuestarias. Por eso, el Congreso y Hacienda tendrían que transparentar escenarios alternativos y medidas correctivas si los ingresos o la expansión económica quedan por debajo de lo programado. Un referente cercano es la discusión del ajuste fiscal previsto para 2027.
Hacienda defiende el ajuste y la estructura de la deuda
La Secretaría de Hacienda respondió que mantiene una política fiscal responsable y destacó que en 2025 realizó un ajuste de 1.3 puntos porcentuales del PIB, el mayor desde 1990. Según la postura oficial recogida por La Jornada, alrededor de 80% de la deuda federal está denominada en pesos y a tasa fija, lo que reduce la exposición inmediata a movimientos cambiarios y financieros externos.
Hacienda también sostuvo que el paquete económico de 2027 incorporará medidas para fortalecer los ingresos y modernizar las aduanas. Esa respuesta atiende la composición y el manejo de la deuda, pero el reto de fondo señalado por HR Ratings sigue siendo doble: reducir el déficit sin recortar inversión productiva y elevar el crecimiento potencial.
La nueva calificación no supone una crisis de pagos ni un incumplimiento inminente. Sí obliga a vigilar si las metas presupuestarias se cumplen, cuánto cuestan los apoyos a empresas públicas y qué plan concreto existe para detener el aumento de la deuda en los próximos años.
Imagen: monedas mexicanas. Fotografía de Aurelio Sandoval, vía Wikimedia Commons, dedicada al dominio público bajo CC0; recorte editorial.







