El acuerdo comercial México-EU entró este lunes en una nueva ronda en Washington sin una fecha cierta para su cierre. Marcelo Ebrard viajó con el equipo económico para negociar la reducción de aranceles a autos, acero y aluminio. El resultado importa porque México depende del acceso al mercado estadounidense y todavía desconoce qué concesiones exige la Casa Blanca.
Acuerdo comercial México-EU llega sin calendario cerrado
La presidenta Claudia Sheinbaum reconoció el viernes 25 de septiembre que las conversaciones avanzan, pero evitó garantizar que el entendimiento quede listo antes de las elecciones legislativas de Estados Unidos del 3 de noviembre. En la versión estenográfica de su conferencia, informó que Ebrard estaría este lunes en Washington para continuar la negociación.
La falta de una fecha contrasta con el mensaje optimista que el Gobierno mexicano difundió el 18 de septiembre, después de una llamada entre Sheinbaum y Donald Trump. Entonces, la Presidencia afirmó que “avanza la posibilidad” de un acuerdo, aunque tampoco presentó un documento final, un calendario o una lista pública de compromisos. Reuters reportó que ambos gobiernos buscaban acelerar el pacto antes de los comicios estadounidenses.
La ronda de Washington mantiene abiertos los temas que más pesan sobre la industria mexicana. El objetivo declarado de México es evitar nuevos gravámenes y disminuir los que Estados Unidos aplica a vehículos, acero y aluminio. El medio EFE documentó que esos sectores forman parte del núcleo pendiente, junto con reglas de origen y cadenas productivas norteamericanas.
Washington exige reducir su déficit comercial
Estados Unidos ha planteado que México contribuya a disminuir el déficit bilateral. La respuesta del Gobierno mexicano consiste en estudiar mayores compras a proveedores estadounidenses y reducir importaciones desde otros países. Esa estrategia ya había sido anticipada cuando México comenzó a revisar qué productos podría adquirir más en Estados Unidos.
Sin embargo, todavía no existe una relación pública de bienes, montos o sectores que México sustituiría. Esa ausencia impide medir si el ajuste afectaría a proveedores nacionales, encarecería insumos o chocaría con la promesa oficial de fortalecer la producción interna mediante el Plan México. La negociación puede reducir tensiones con Washington, pero también trasladar costos a empresas mexicanas si se aceptan cambios sin una evaluación transparente.
Sheinbaum sostuvo que México es el principal comprador de mercancías estadounidenses y explicó que el superávit mexicano ha crecido por el avance de las exportaciones de electrónicos. Aun así, la Casa Blanca mantiene la presión para modificar el balance y endurecer condiciones en sectores vinculados con Asia.
La soberanía, límite declarado de Sheinbaum
La mandataria afirmó que algunas solicitudes de Estados Unidos tocan la soberanía, la territorialidad o la Constitución, y prometió no ceder en esos puntos. No detalló cuáles son esas exigencias ni qué asuntos ya fueron resueltos, por lo que la dimensión real del desacuerdo sigue fuera del escrutinio público.
La reserva puede ser normal mientras una negociación está abierta, pero el Gobierno tendrá que explicar los compromisos cuando exista un texto final. No basta con anunciar avances: cualquier acuerdo deberá precisar qué aranceles bajan, desde cuándo, qué compras adicionales asumirá México y qué salvaguardas habrá para la industria nacional.
Los aranceles sectoriales ya habían llevado a Ebrard a dialogar con funcionarios estadounidenses. Este medio informó a principios de septiembre que México llevó a Estados Unidos la negociación sobre autos y acero, sin obtener entonces un resultado definitivo.
Qué está en juego para México
La incertidumbre afecta decisiones de inversión, producción y empleo en cadenas que cruzan varias veces la frontera. Un automóvil ensamblado en Norteamérica puede incorporar componentes de los tres países, de modo que los gravámenes se acumulan y terminan elevando costos para fabricantes y consumidores.
La reunión de Washington ofrece una oportunidad para convertir los mensajes políticos en condiciones verificables. Hasta ahora, la posición oficial combina optimismo con cautela: hay conversaciones y voluntad de cerrar, pero no existe garantía de plazo ni información suficiente para conocer el precio que México pagaría por el acuerdo comercial México-EU.







