México llevó al G20 una agenda para ampliar exportaciones de acero, automóviles, tequila y productos farmacéuticos. Marcelo Ebrard sostuvo reuniones en Milwaukee con socios de Estados Unidos, India, la Unión Europea y Argentina. La gestión importa por la incertidumbre comercial y la revisión del T-MEC, aunque hasta ahora el Gobierno no ha informado acuerdos firmados, nuevos cupos ni reducciones arancelarias.
Exportaciones en G20: propuestas y resultados pendientes
La Secretaría de Economía presentó la participación de Ebrard como un esfuerzo para obtener mejores condiciones comerciales para México. En el Foro Global sobre el Exceso de Capacidad del Acero, el funcionario sostuvo que la siderurgia mexicana no recibe subsidios y opera con menores emisiones que competidores de otros países.
Ebrard añadió que México reforzó la trazabilidad de las importaciones de acero mediante análisis automatizados. El planteamiento busca responder a señalamientos sobre triangulación y prácticas desleales, pero el comunicado oficial no detalló una nueva metodología pública, plazos de aplicación ni compromisos concretos de los socios del G20.
La diferencia entre actividad diplomática y resultado económico es central. Las reuniones abren canales de negociación, pero todavía no equivalen a un aumento efectivo de exportaciones. La prueba estará en decisiones medibles: cupos adicionales, acceso sanitario, reducción de aranceles, reglas de origen estables y anuncios de inversión con montos y calendarios.
Tequila, automóviles y fármacos en la agenda mexicana
Con India, la delegación pidió facilitar la entrada del tequila y ampliar la cooperación farmacéutica. Ante Argentina solicitó elevar los cupos para automóviles ligeros mexicanos. Con la Unión Europea revisó las oportunidades del acuerdo comercial interino recientemente firmado. EL PAÍS reportó que esas conversaciones formaron parte de una estrategia para diversificar mercados y atraer inversión.
La diversificación sería relevante porque Estados Unidos concentra la mayor parte del comercio exterior mexicano. Sin embargo, las propuestas anunciadas no incluyeron metas de ventas, fechas de apertura ni compromisos vinculantes. Por ahora son solicitudes gubernamentales que deberán convertirse en permisos, pedidos empresariales y flujos comerciales verificables.
El punto de partida es favorable en volumen. Según la balanza comercial del Inegi, las exportaciones mexicanas alcanzaron 78 mil 10 millones de dólares en agosto, 40.4% más que un año antes, y dejaron un superávit de 605 millones. El dato confirma dinamismo, aunque no resuelve la concentración por mercados y sectores.
El T-MEC mantiene la presión sobre las exportaciones
Ebrard también se reunió con Jamieson Greer, representante comercial de Estados Unidos, y describió la conversación como productiva. No obstante, ninguno de los dos gobiernos anunció un acuerdo sobre los aranceles que afectan al acero, aluminio y sector automotor. México ya había llevado a Washington la negociación para reducir gravámenes a autos y acero, sin que exista todavía un cierre definitivo.
La revisión del T-MEC aumenta la urgencia. Las empresas necesitan reglas previsibles para decidir inversiones y reorganizar cadenas de suministro. Paralelamente, el Gobierno analiza comprar más productos estadounidenses como parte del diálogo bilateral, una posibilidad que deberá conciliarse con el objetivo de fortalecer proveedores nacionales.
La estrategia mexicana en Milwaukee amplió la agenda y mostró interlocución con varios socios. Su balance, sin embargo, dependerá de resultados posteriores. Hasta que existan concesiones comerciales verificables, las exportaciones en G20 seguirán siendo una gestión en curso y no un logro consumado.







