Vista horizontal del Palacio Legislativo de San Lázaro, sede de la Cámara de DiputadosPalacio Legislativo de San Lázaro. Foto: ProtoplasmaKid/Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0).

La Cámara de Diputados aprobó por unanimidad una reforma para sancionar con hasta 25 años de prisión el reclutamiento forzado por grupos criminales. El dictamen, avalado con 419 votos y enviado al Senado, busca cerrar un vacío legal; organizaciones especializadas advierten que elevar las penas no garantiza prevención, salida segura ni reparación para las víctimas.

Reclutamiento forzado: las penas aprobadas

El proyecto adiciona un capítulo a la Ley General para Prevenir, Sancionar y Erradicar los Delitos en Materia de Trata de Personas. De acuerdo con el reporte oficial del Canal del Congreso, la sanción básica será de 10 a 20 años de prisión para quien invite, induzca, incorpore o reclute personas con el fin de integrarlas a grupos delictivos o a la delincuencia organizada.

Cuando la captación se realice mediante intimidación, amenazas, coacción, violencia física o moral o abuso de poder, la pena aumentará a un rango de 15 a 25 años. El dictamen contempla además multas y agravantes si el responsable es servidor público, integrante o exintegrante de las Fuerzas Armadas, miembro de una corporación de seguridad o utiliza conocimientos adquiridos en empresas de seguridad privada.

La reforma establece que todo reclutamiento de niñas, niños y adolescentes será considerado forzado, sin importar el mecanismo utilizado. También reconoce que la captación puede producirse mediante redes sociales, falsas ofertas de empleo y otros medios electrónicos. La decisión retoma una discusión que ya había llegado a San Lázaro, documentada por Enrique Muñoz News cuando avanzó la primera propuesta para castigar el reclutamiento criminal.

Castigo penal no resuelve los vacíos de protección

El consenso legislativo no eliminó las objeciones. La organización Tejiendo Redes Infancia sostuvo que el dictamen no crea una política integral de prevención, desvinculación segura, recuperación psicosocial ni reparación. También criticó que la discusión se realizara sin un parlamento abierto con víctimas, organizaciones especializadas y adolescentes de territorios afectados por la violencia.

El problema de fondo es la falta de información pública suficiente. El propio Canal del Congreso señala que no existen cifras oficiales específicas sobre cuántos menores han sido reclutados. El Observatorio Nacional Ciudadano estima que entre 145 mil y 250 mil niñas, niños y adolescentes están en situación de alta vulnerabilidad, especialmente en Estado de México, Jalisco, Chiapas y Puebla.

La ausencia de datos dificulta evaluar resultados, asignar presupuesto y localizar los territorios donde las redes criminales captan a menores. También deja abierta una pregunta central: cómo distinguir a una víctima obligada a participar en delitos de una persona que actuó sin coerción. Las organizaciones alertan que algunos adolescentes reclutados son forzados a captar a otros y podrían terminar criminalizados por el mismo sistema que debía protegerlos.

Ese riesgo se agrava en un contexto donde 3.5 millones de menores realizan trabajo infantil en México y donde la precariedad, el abandono escolar y la violencia comunitaria aumentan la exposición a ofertas engañosas. A ello se suma una crisis de seguridad en la que las autoridades ya han reconocido participación de policías municipales en desapariciones.

El Senado deberá decidir si corrige la reforma

La minuta no es todavía una ley vigente. El Senado deberá revisarla, aprobarla o modificarla antes de que pueda enviarse al Ejecutivo para su publicación. Tejiendo Redes Infancia pidió que esa etapa incluya un parlamento abierto y un mecanismo nacional de identificación y salida segura, con protección familiar, atención psicológica, reintegración comunitaria y reparación integral.

La reforma aporta un tipo penal más claro y reconoce expresamente la captación digital, pero su eficacia dependerá de la capacidad de las fiscalías para investigar, identificar víctimas y llegar a sentencias. Sin presupuesto, coordinación entre autoridades y mecanismos de protección, el aumento de penas puede quedarse en una respuesta declarativa frente a un fenómeno que continúa sin medición oficial.

El reto para el Senado será evitar que el consenso punitivo sustituya una política pública completa. Castigar a los reclutadores es necesario, pero prevenir la captación, proteger a las familias y garantizar que los menores puedan abandonar a los grupos criminales sin ser asesinados, desaparecidos o encarcelados será la verdadera prueba de la reforma.

Por Enrique Muñoz

Enrique Muñoz es periodista y editor de Enrique Muñoz News. Su trabajo se enfoca en la cobertura de Tamaulipas, la política nacional y los acontecimientos de interés público en México. En este sitio publica noticias, entrevistas, análisis y opinión.