Comando, un chihuahua de 13 meses adoptado por la Guardia Nacional, se entrena en Ciudad de México para tareas de búsqueda y rescate, además de participar en ceremonias y actividades de proximidad social. Su incorporación rompe con el perfil habitual de los binomios caninos y expone una apuesta institucional por acercar a la fuerza, bajo control militar, a la ciudadanía.
Comando chihuahua: entrenamiento y una función doble
Con 21 centímetros de altura y siete kilogramos de peso, Comando es el integrante más pequeño y atípico de la compañía canina de la Guardia Nacional. Utiliza un chaleco táctico adaptado, gafas, casco y una cámara en miniatura. De acuerdo con un reporte de Reuters publicado este 29 de septiembre, sus instructores lo preparan tanto para búsqueda y rescate como para actividades públicas.
El perro fue adoptado hace aproximadamente seis meses en el estado de Chihuahua, después de que sus dueños, dos adultos mayores, ya no pudieron cuidarlo. Desde entonces ha aparecido en ceremonias cívicas, visitas escolares y acciones comunitarias. También participó en el desfile por el Día de la Independencia, donde su tamaño y equipo llamaron la atención del público.
Durante una práctica reciente en la capital del país, Comando subió escaleras y sorteó obstáculos junto a Roko, un ejemplar de mayor tamaño y con formación operativa. La teniente Débora Hernández explicó que su presencia cuestiona la idea de que sólo los perros grandes pueden formar parte de la institución y ayuda a mostrar un rostro más cercano de sus integrantes.
Una excepción dentro de la compañía canina
La Guardia Nacional cuenta con alrededor de 350 perros, según la cifra proporcionada a Reuters. La mayoría pertenece a razas utilizadas habitualmente en seguridad, como pastor alemán y labrador. La institución había informado en septiembre de 2024 que disponía entonces de 340 ejemplares, entre ellos pastores belga malinois, holandeses y alemanes, labradores y xoloitzcuintles.
En aquel comunicado oficial sobre binomios caninos, la corporación detalló que estos equipos intervienen en búsqueda y rescate, detección de armas, drogas, divisas y explosivos, además de labores de proximidad social. También reportó aseguramientos acumulados de más de 15 mil 700 kilogramos de marihuana, 211 mil pastillas de fentanilo y más de cien artefactos explosivos.
Comando no sustituye a los perros especializados en esas tareas. Su valor operativo dependerá de la certificación y las evaluaciones que complete; por ahora, la propia Guardia Nacional lo presenta como un ejemplar en entrenamiento y como figura de acercamiento ciudadano. Esa distinción es importante para no confundir popularidad en redes con capacidad acreditada de búsqueda y rescate.
Proximidad social no sustituye resultados de seguridad
La visibilidad de Comando coincide con una etapa en la que la Guardia Nacional se encuentra bajo control del Ejército y busca proyectar una relación menos distante con la población. La simpatía que genera el cachorro puede apoyar campañas educativas, pero no reemplaza la obligación institucional de publicar resultados verificables, protocolos de entrenamiento y criterios de certificación.
El contexto exige esa claridad. La cooperación y capacitación militar han sido objeto de escrutinio, como ocurrió con el ejercicio de 139 militares de Estados Unidos en Chihuahua. En paralelo, autoridades estatales han destacado el uso de inteligencia e investigación para reforzar la seguridad, incluido el balance sobre las capacidades de seguridad en Tamaulipas.
La historia de Comando tiene un componente positivo: la corporación adoptó a un animal que necesitaba un nuevo hogar y le asignó una función de contacto social. El siguiente paso será informar cómo avanza su formación, qué pruebas deberá superar y en qué condiciones podría participar en operaciones reales. Esa información permitiría evaluar el proyecto más allá de su eficacia como símbolo público.







