Científico de la NASA analiza muestras del asteroide Bennu con un equipo de rayos XAnálisis de muestras del asteroide Bennu en el Centro Espacial Johnson. Foto: NASA/Scott Eckley.

Las muestras de Bennu devueltas por la misión OSIRIS-REx de la NASA indican que el asteroide se formó hace unos 4 mil 500 millones de años cerca de la línea de hielo del sistema solar, donde se mezclaron materiales de regiones internas y externas. El hallazgo, basado en análisis isotópicos, atribuye al joven Júpiter un papel decisivo en esa distribución.

Las muestras de Bennu cambian su lugar de origen

El equipo encabezado por Maria Schönbächler, de la Escuela Politécnica Federal de Zúrich (ETH Zurich), analizó medio gramo del material recolectado en Bennu. Los investigadores midieron isótopos de hierro, titanio y cromo, una combinación que funciona como huella química para rastrear el origen de los granos que integran el asteroide.

Los resultados, publicados en Science Advances, muestran que el hierro y el titanio están distribuidos de forma homogénea. La firma se parece a la del asteroide Ryugu y a la de los meteoritos CI, un grupo primitivo y rico en carbono, pero no coincide plenamente con materiales atribuidos sólo al sistema solar interior o exterior.

La explicación propuesta desplaza el nacimiento del cuerpo progenitor de Bennu hacia una zona de transición: la línea donde el vapor de agua podía congelarse. Allí, el hielo habría ayudado a unir partículas finas procedentes de distintas regiones del disco de gas y polvo que rodeaba al Sol recién formado.

Júpiter habría filtrado partículas del sistema solar joven

El estudio no presenta a Júpiter como creador directo de Bennu. Su papel habría sido gravitacional. Mientras el planeta gigante aumentaba rápidamente de masa, bloqueó el desplazamiento de partículas grandes, pero permitió que polvo más fino circulara y se mezclara cerca de la línea de hielo.

Esa hipótesis explica por qué Bennu conserva una composición cercana a la mezcla elemental del Sol y abundantes minerales hidratados. También ayuda a entender por qué su material reúne señales de ambos lados del sistema solar primitivo. La ETH Zurich subraya que el escenario deberá contrastarse con más asteroides y con modelos que midan mejor el movimiento del polvo alrededor del proto-Júpiter.

La conclusión tiene un límite importante: reconstruye el origen probable de los componentes de Bennu, pero no demuestra que el asteroide llevara vida ni establece por sí sola cómo llegaron a la Tierra los ingredientes químicos asociados con ella.

Una muestra pequeña abre otra prueba para 2031

OSIRIS-REx entregó a la Tierra 121.6 gramos de Bennu en septiembre de 2023. La ficha oficial de la NASA explica que el objetivo era estudiar material preservado desde los primeros tiempos del sistema solar sin la alteración que sufren los meteoritos al atravesar la atmósfera o permanecer en la superficie terrestre.

El valor científico de medio gramo muestra por qué las misiones de retorno de muestras son tan exigentes y, al mismo tiempo, tan productivas. Un análisis químico de alta precisión puede poner a prueba teorías construidas con observaciones remotas y meteoritos que llegaron por azar.

La siguiente comparación relevante será la misión japonesa MMX hacia Fobos, que busca regresar material de la luna marciana en 2031. Sus resultados podrían distinguir si Fobos es un asteroide capturado o si nació de escombros expulsados por un gran impacto en Marte.

El trabajo también se suma a una etapa de renovada exploración que incluye el nuevo calendario de Artemis IV y el regreso humano a la Luna. En ambos casos, el dato decisivo no será sólo alcanzar otro mundo, sino traer mediciones capaces de confirmar o corregir los modelos sobre la formación del vecindario planetario.

Por Enrique Muñoz

Enrique Muñoz es periodista y editor de Enrique Muñoz News. Su trabajo se enfoca en la cobertura de Tamaulipas, la política nacional y los acontecimientos de interés público en México. En este sitio publica noticias, entrevistas, análisis y opinión.