Estados Unidos levantó este viernes las restricciones que impedían abrir nuevas rutas mexicanas a EE.UU. desde el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA) y el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM). La decisión devuelve margen de expansión a las aerolíneas nacionales, aunque Washington mantuvo dos controles y advirtió que seguirá vigilando el cumplimiento del acuerdo aéreo bilateral.
La medida fue confirmada por el gobierno mexicano y por el Departamento de Transporte de Estados Unidos (DOT), de acuerdo con Reuters. Aeroméxico y Viva señalaron que la decisión puede fortalecer la conectividad, pero el retiro de la restricción no equivale a cerrar el diferendo que comenzó por cambios aplicados desde 2022 en el sistema aeroportuario de la capital.
Rutas mexicanas a EE.UU. recuperan espacio para crecer
El levantamiento permite que las compañías mexicanas vuelvan a solicitar y operar nuevas rutas desde el AIFA y el AICM hacia ciudades estadounidenses. La restricción había congelado la expansión de servicios desde ambos aeropuertos y cancelado autorizaciones para rutas actuales o planeadas, con afectaciones para Aeroméxico, Viva y Volaris.
Para los pasajeros, el cambio abre la posibilidad de más frecuencias y destinos, aunque cada aerolínea todavía deberá tramitar las autorizaciones operativas correspondientes. Tampoco implica que todas las rutas canceladas regresen automáticamente: las empresas tendrán que ajustar horarios, flota y viabilidad comercial.
El anuncio ocurre en una jornada marcada por decisiones estadounidenses sobre el espacio aéreo fronterizo. En otro expediente, la FAA impuso restricciones temporales a drones, asunto explicado en esta nota sobre la frontera México-Estados Unidos. Son medidas separadas, pero muestran el peso que Washington mantiene sobre la conectividad y la seguridad aérea bilateral.
La corrección llegó después de un conflicto por slots y carga
El DOT sostuvo que México incumplió el acuerdo de transporte aéreo de 2015 al retirar franjas horarias —slots— a aerolíneas estadounidenses en el AICM y obligar a los operadores de carga exclusiva a mudarse al AIFA. En octubre de 2025, la autoridad estadounidense congeló la expansión de compañías mexicanas y canceló 13 rutas, bajo el argumento de que esas decisiones alteraron la competencia.
El gobierno mexicano defendió el traslado de la carga como una respuesta a la saturación del AICM y rechazó que buscara favorecer a empresas nacionales. Tras meses de negociaciones, ambas partes anunciaron el 5 de mayo de 2026 un entendimiento. La Secretaría de Relaciones Exteriores dijo entonces que el AIFA sería reconocido como parte de la oferta aeroportuaria de la Ciudad de México y que habría seguimiento continuo.
Del lado estadounidense, el DOT condicionó cualquier alivio a que México aplicara reformas para transparentar la asignación de slots y garantizar acceso no discriminatorio a las aerolíneas estadounidenses. La decisión de este viernes indica que hubo avances suficientes para retirar una parte de las sanciones, pero no elimina todas las reservas.
Dos controles permanecen y Washington seguirá observando
Un funcionario estadounidense precisó que siguen vigentes otras dos órdenes. Las aerolíneas mexicanas deberán presentar sus horarios de vuelos hacia y desde Estados Unidos, y necesitarán aprobación previa para operar chárteres con aeronaves grandes. Washington también mantendrá bajo observación el cumplimiento de los compromisos asumidos por México.
Ese matiz limita una lectura triunfalista. La reapertura mejora las condiciones para las rutas mexicanas a EE.UU., pero deja instrumentos de supervisión que pueden volver a frenar operaciones si el DOT detecta nuevos incumplimientos. Además, la revisión de la FAA sobre la vigilancia de seguridad aérea mexicana, realizada en agosto, es un proceso distinto y aún conserva efectos regulatorios propios.
El desenlace también expone el costo de haber prolongado una disputa iniciada por decisiones aeroportuarias tomadas sin consenso bilateral. La recuperación de rutas beneficia a las compañías mexicanas y a los usuarios, pero el gobierno federal todavía debe demostrar que la asignación de espacios y la política de carga serán transparentes y compatibles con el acuerdo de 2015. En un contexto de fricciones comerciales, como las revisadas en el reciente decreto sobre autopartes, la certidumbre regulatoria seguirá siendo decisiva para la relación económica con Estados Unidos.







