México captó un récord de 34,968 millones de dólares de inversión extranjera directa durante el primer semestre de 2026, pero las nuevas inversiones cayeron 13.4% frente al mismo periodo de 2025. El contraste importa porque el máximo histórico depende sobre todo de utilidades reinvertidas por empresas ya instaladas, mientras la llegada de capital para proyectos nuevos perdió fuerza.
Nuevas inversiones: solo 7.8% del flujo total
La Secretaría de Economía presentó el resultado como el mayor monto de inversión extranjera directa (IED) registrado para un primer semestre. El total superó en 2.1% los 34,265 millones de dólares reportados originalmente para enero-junio de 2025.
La composición, sin embargo, matiza el récord. De los recursos captados, 30,957 millones de dólares —88.5% del total— correspondieron a reinversión de utilidades. Las nuevas inversiones sumaron 2,726 millones, equivalentes a 7.8%, mientras las cuentas entre compañías aportaron 1,285 millones, o 3.7%.
Los datos revisados por El Economista muestran que el capital clasificado como nuevo fue 13.4% menor al del primer semestre de 2025, cuando alcanzó 3,149 millones de dólares. El récord, por tanto, refleja confianza de compañías que ya operan en el país, pero no un crecimiento equivalente en proyectos que apenas comienzan.
Manufactura sostiene el récord de IED
La manufactura recibió 13,482 millones de dólares, 38.6% del flujo total y 9.3% más que un año antes. La fabricación de equipo de computación, comunicación y componentes electrónicos encabezó el avance, vinculada a la demanda estadounidense de infraestructura tecnológica y de inteligencia artificial.
Estados Unidos se mantuvo como principal origen del capital extranjero. También destacaron España y Canadá, mientras Ciudad de México, Nuevo León, Estado de México, Baja California y Jalisco concentraron una parte relevante de los recursos. La distribución confirma que la IED continúa agrupada en corredores industriales con infraestructura, personal capacitado y acceso a cadenas de exportación.
El dato se conoce mientras el Gobierno impulsa acuerdos de financiamiento e inversión, como el reciente Plan México-Corea. Esos anuncios pueden ampliar la cartera de proyectos, pero su impacto deberá medirse por capital efectivamente desembolsado, plantas construidas y empleos creados, no únicamente por cartas de intención o montos potenciales.
El reto es convertir confianza en capital nuevo
El Banco de México reportó además que, solo en el segundo trimestre, la IED fue menor a la observada un año antes. Las nuevas inversiones del periodo bajaron de 1,345 a 654 millones de dólares, otra señal de cautela empresarial ante la incertidumbre comercial y la revisión del T-MEC.
La reinversión de utilidades es positiva: significa que empresas extranjeras prefieren mantener recursos en México en lugar de retirarlos. Pero su peso de 88.5% también muestra que el país depende de firmas ya establecidas. Para elevar el potencial productivo se requiere atraer proyectos adicionales, ampliar proveedores nacionales y reducir obstáculos de energía, agua, seguridad, certeza regulatoria e infraestructura.
El Gobierno sostiene que el récord confirma la solidez macroeconómica y los avances del Plan México. La lectura fiscal también exige cautela: con una deuda pública que seguirá presionando el presupuesto de 2027, la inversión privada será decisiva para financiar expansión productiva sin cargar todo el costo al erario.
El balance es mixto: México conserva atractivo para las empresas que ya conocen el mercado, pero la caída del capital nuevo limita el alcance del récord. El siguiente examen será comprobar si los anuncios gubernamentales se transforman en inversión fresca y si esa inversión llega a más regiones, proveedores y empleos formales.







