Pasillo central de la supercomputadora Summit con gabinetes de cómputo a ambos ladosLa supercomputadora Summit, en el Laboratorio Nacional Oak Ridge de Estados Unidos. Foto: OLCF at ORNL / Carlos Jones, CC BY 2.0, vía Wikimedia Commons.

La inversión en inteligencia artificial avanza a una escala sin precedente, pero los ingresos y las mejoras de productividad todavía no justifican el volumen de capital comprometido. Proyecciones divulgadas este 3 de octubre sitúan en 4.2 billones de dólares la brecha que la industria tendría que cubrir hacia 2031, un desajuste que eleva el riesgo financiero alrededor de centros de datos, chips y energía.

La inversión en inteligencia artificial acelera el gasto

Un análisis de Reuters reunió estimaciones que muestran la magnitud del desafío. PwC calcula que el gasto mundial acumulado en centros de datos podría alcanzar 31.6 billones de dólares entre 2026 y 2050, con un escenario alto cercano a 50 billones.

El desembolso anual pasaría de unos 800 mil millones de dólares en 2026 a 1.1 billones en 2030 y 1.8 billones en 2050. No se trata sólo de construir edificios: los equipos de cómputo y redes representan alrededor de 70% del gasto actual y podrían llegar a 93% a mediados de siglo. Además, los sistemas especializados para IA necesitan reemplazos cada cuatro a seis años, lo que obliga a reinvertir antes de recuperar por completo el capital inicial.

Ese ciclo ayuda a explicar proyectos como los chips de IA que Google busca probar en el espacio y el interés de las FIBRAs por el auge industrial asociado a la inteligencia artificial. La expansión ya rebasa a las empresas de software: incluye constructoras, eléctricas, fabricantes de semiconductores, fondos de crédito y gobiernos que compiten por atraer infraestructura.

Una brecha de ingresos que aún no tiene respuesta

La consultora Bain & Company estima que, para sostener las inversiones previstas, el sector necesitaría generar alrededor de 6 billones de dólares anuales en ingresos para 2031. Las aplicaciones existentes aportarían hasta 1.8 billones. La diferencia —4.2 billones de dólares— tendría que surgir de productos, servicios o aumentos de productividad que todavía no aparecen a esa escala.

El problema no es que la IA carezca de usos comerciales. Empresas de múltiples sectores ya pagan por asistentes, automatización, análisis y capacidad de cómputo. La duda es si esos pagos crecerán con suficiente rapidez para cubrir infraestructura que se deprecia tecnológicamente en pocos años.

J.P. Morgan advirtió en un análisis sobre valuaciones y productividad que el optimismo del mercado exige ganancias económicas extraordinarias. En uno de sus ejercicios, mantener acotada la porción de beneficios capturada por Nvidia requeriría un crecimiento de productividad superior a 5%, un nivel poco frecuente en la historia reciente de Estados Unidos.

El riesgo financiero crece antes que la evidencia

La presión aumenta porque la construcción ya no se financia únicamente con el efectivo de las grandes tecnológicas. Un documento de trabajo de Columbia Business School señala que las estructuras con deuda, vehículos especiales y capital privado pueden repartir el riesgo, pero también amplificar pérdidas si la demanda de cómputo decepciona o si cae el valor de los activos.

La experiencia de otras revoluciones tecnológicas ofrece una lectura menos inmediata. Ferrocarriles, electricidad e internet atravesaron fases de inversión excesiva antes de producir beneficios amplios. Una corrección financiera no necesariamente volvería inútiles los centros de datos; parte de esa infraestructura podría seguir sosteniendo innovaciones futuras, incluso si algunos inversionistas absorben pérdidas.

Por ahora, la fiscalización clave está en separar capacidad instalada de resultados comprobables. El sector debe demostrar cuánto ingreso nuevo genera, cuánto trabajo realmente automatiza y quién asume el costo cuando la demanda queda por debajo de las proyecciones. Sin esa evidencia, la inversión en inteligencia artificial seguirá creciendo más rápido que la justificación económica que promete sostenerla.

Por Enrique Muñoz

Enrique Muñoz es periodista y editor de Enrique Muñoz News. Su trabajo se enfoca en la cobertura de Tamaulipas, la política nacional y los acontecimientos de interés público en México. En este sitio publica noticias, entrevistas, análisis y opinión.