Los precios de alimentos en el mercado mundial subieron 1.5% en septiembre y alcanzaron su nivel más alto desde noviembre de 2022, informó la FAO en Roma. El repunte, impulsado por cereales, azúcar y aceites vegetales, importa para México porque puede elevar costos de importación y transporte justo cuando la inflación nacional volvió a acelerarse durante la primera mitad del mes.
Precios de alimentos avanzan por clima y transporte
El Índice de Precios de los Alimentos de la FAO promedió 136.0 puntos en septiembre de 2026, dos puntos más que en agosto. El indicador quedó 5.8% por encima de su nivel de un año antes, aunque todavía se ubicó 15.1% debajo del máximo registrado en marzo de 2022.
El aumento no fue uniforme. El índice de cereales creció 5.1% mensual y 17.2% anual; los aceites vegetales avanzaron 0.9% frente a agosto y 18.3% respecto del mismo mes de 2025. El azúcar también subió con fuerza, mientras la carne retrocedió y los lácteos se mantuvieron estables. La información recopilada por Reuters atribuyó la presión a disrupciones logísticas en el mar Negro y el estrecho de Ormuz, además del riesgo de un episodio intenso de El Niño.
La combinación es relevante porque encarece simultáneamente la materia prima y su traslado. Incluso con una producción mundial de cereales que la FAO estima en 2,979 millones de toneladas para 2026 —la segunda mayor registrada—, los cuellos de botella comerciales y la menor disponibilidad exportable pueden sostener precios altos. La organización redujo 0.7% su previsión de comercio mundial de cereales para el ciclo 2026/27.
El riesgo para México no es automático, pero ya hay presión
El índice global mide cotizaciones internacionales, no precios directos en mercados y supermercados mexicanos. La transmisión depende del tipo de cambio, contratos de cobertura, inventarios, aranceles y costos internos. Sin embargo, México compra en el exterior una parte importante de granos, oleaginosas y otros insumos, por lo que una racha prolongada puede terminar en alimentos procesados, forrajes y productos pecuarios.
Los datos más recientes del INEGI muestran que la inflación anual fue de 3.42% en la primera quincena de septiembre. Dentro del índice subyacente, las mercancías de alimentos, bebidas y tabaco aumentaron 4.59% anual; en el componente no subyacente, frutas y verduras avanzaron 7.91%. Son señales distintas, pero ambas exhiben sensibilidad en la canasta alimentaria.
La presión externa se suma a problemas ya documentados en mercados específicos. Este medio informó que las importaciones de azúcar se dispararon mientras se aplazó un mecanismo de control, y también reportó que la inflación de agosto volvió a acelerar aunque cedió la subyacente. El nuevo dato de la FAO obliga a vigilar si esa moderación interna resiste el encarecimiento global.
Banxico enfrenta un margen más estrecho
El Banco de México mantuvo su tasa de referencia en 6.50% el 24 de septiembre y reconoció que los riesgos para la inflación siguen sesgados al alza. Su objetivo es llevar la inflación general a 3% hacia el cuarto trimestre de 2027. Un choque internacional de alimentos no implica automáticamente otra subida de tasa, pero puede retrasar la convergencia si se generaliza o altera las expectativas.
La próxima prueba será el dato completo de inflación de septiembre y, después, la evolución de los precios al productor y de las importaciones. Si cereales, azúcar y aceites continúan elevados, el Gobierno y Banxico deberán distinguir entre un episodio temporal y una presión más persistente. Para los hogares, esa diferencia será visible en el costo cotidiano de la despensa antes que en cualquier promedio internacional.







