La Estación Espacial Internacional cerró el 30 de octubre con investigaciones sobre plantas y ejercicio físico, después de instalar un nuevo panel solar desplegable. La NASA informó que la tripulación estudió células vegetales y la respuesta de plantas a patógenos, trabajos relevantes para preparar estancias prolongadas fuera de la Tierra, aunque todavía no representan resultados concluyentes sobre cultivos espaciales.
Cultivos espaciales: células y resistencia a enfermedades
Según el reporte operativo de la NASA del 30 de octubre, Anil Menon trabajó en el laboratorio japonés Kibo con una investigación sobre los efectos de la microgravedad en la división celular de algas verdes y células de tabaco cultivadas. La posible aplicación es apoyar la producción de alimentos en futuras misiones lunares o marcianas.
Luke Delaney, por su parte, inoculó muestras de Arabidopsis después de exponerlas a un patógeno fúngico y las guardó en una incubadora que genera gravedad artificial. El objetivo es comprender cómo mejorar la resistencia de los cultivos a enfermedades, tanto en el espacio como en la Tierra. El parte describe actividades experimentales, no una tecnología agrícola ya validada.
Un panel instalado; otro sigue previsto para noviembre
La actividad científica siguió a la caminata espacial del 29 de octubre, cuya conclusión confirmó la NASA. Menon y Joshua Kutryk, de la Agencia Espacial Canadiense, permanecieron siete horas y once minutos fuera del complejo para instalar y desplegar el séptimo panel IROSA, conectado al canal eléctrico 2A.
La diferencia respecto de la autorización de la salida que se había anunciado previamente es concreta: la instalación ya terminó. La agencia señala que la nueva capacidad eléctrica ayudará a sostener operaciones críticas, incluida una salida de órbita segura y controlada.
La octava y última unidad está prevista para una caminata del 5 de noviembre, en el canal 3B. Ese trabajo aún no debe darse por realizado. Una vez completado el conjunto, la capacidad de generación pasará de 160 a aproximadamente 215 kilovatios, de acuerdo con la proyección difundida por la NASA.
Ejercicio compacto para misiones prolongadas
Kutryk también utilizó la bicicleta del equipo europeo E4D, situado en el laboratorio Columbus. La Agencia Espacial Europea explicó en julio que el sistema integra entrenamiento de resistencia, ciclismo, remo y tracción de cuerda en una sola estructura compacta. Permite más de 30 ejercicios de fuerza y distintas variaciones.
La evaluación orbital comenzó con Sophie Adenot y se planteó para dos años. Los investigadores examinan el diseño, funcionamiento y capacidad del dispositivo para contrarrestar el deterioro físico asociado a la microgravedad. Que un astronauta lo utilice no equivale, por sí solo, a demostrar su eficacia para cualquier duración de misión.
Estas pruebas abordan una parte distinta del desafío de vivir lejos de la Tierra: conservar la condición física con equipos que ocupen menos espacio. Complementan, sin sustituirlos, los estudios de convivencia y autonomía realizados en instalaciones terrestres, como el ensayo de aislamiento CHAPEA. Los reportes disponibles documentan avances operativos y experimentos en marcha; sus aplicaciones futuras siguen sujetas a evaluación.
Fotografía: Joshua Kutryk y Jessica Watkins durante una prueba de ajuste de traje en la esclusa Quest. Imagen difundida por la NASA el 30 de octubre de 2026; no muestra la caminata exterior. Crédito: NASA/Anil Menon.







