Ciudad de México, 10 de octubre de 2026. El peso mexicano cerró el viernes en 18.4111 unidades por dólar y acumuló su quinta semana consecutiva de pérdidas. La moneda tocó durante la sesión su nivel más débil desde noviembre de 2025, en un movimiento que refleja la presión de un dólar más fuerte y el temor a que disminuya el diferencial de tasas entre México y Estados Unidos.
El peso mexicano pierde 9% en cinco semanas
El cierre de jornada publicado por el Banco de México fue de 18.4111 pesos por dólar, frente a 18.2025 del jueves. La variación implica una depreciación diaria cercana a 1.15%. Durante el viernes, el tipo de cambio llegó a 18.50 unidades, mientras que el FIX quedó en 18.4163 pesos.
La caída semanal fue de alrededor de 1.36%, comparada con el cierre de 18.1637 pesos del viernes anterior. En las últimas cinco semanas, el peso acumuló una pérdida próxima a 9%, equivalente a unos 1.52 pesos por dólar. El ajuste borró una parte importante de la fortaleza que la moneda había mostrado a comienzos de septiembre.
El movimiento no fue aislado: el dólar ganó terreno a escala global. Sin embargo, el peso mostró uno de los desempeños más débiles entre las monedas latinoamericanas, de acuerdo con datos de mercado recopilados por Reuters. Para hogares y empresas, una depreciación sostenida puede encarecer importaciones, viajes y obligaciones contratadas en dólares, aunque también eleva el valor en pesos de remesas y ventas externas.
Banxico y la Fed amplían la tensión sobre las tasas
La presión se intensificó después de que la Reserva Federal de Estados Unidos elevó en septiembre su tasa de referencia en 25 puntos base, a un rango de 3.75% a 4%. En sus minutas de septiembre, la Fed señaló que la mayoría de sus participantes consideraba probable otro aumento antes de terminar el año debido a la persistencia de la inflación.
En México, Banxico mantuvo su tasa en 6.50%, pero la minuta divulgada el 8 de octubre mostró que tres de los cinco integrantes de la Junta de Gobierno consideran que podrían evaluarse recortes adicionales si mejora el panorama inflacionario. Esa combinación —tasas al alza en Estados Unidos y posibilidad de reducciones en México— reduce la ventaja de rendimiento de los activos denominados en pesos.
La expectativa contrasta con la cautela señalada en el más reciente debate interno de Banxico, donde persisten riesgos por la inflación subyacente. El banco central enfrenta así una disyuntiva: apoyar una economía con menor dinamismo sin debilitar demasiado el atractivo financiero del peso.
La volatilidad puede trasladarse a precios y empresas
Una moneda más débil no se traduce automáticamente en una nueva ola inflacionaria, pero sí aumenta el costo de insumos importados, maquinaria y mercancías cotizadas en dólares. El efecto dependerá de cuánto dure la depreciación y de la capacidad de las empresas para absorber costos sin trasladarlos al consumidor.
También puede elevar la incertidumbre para sectores industriales que ya enfrentan cambios en la demanda y en las reglas comerciales. La presión cambiaria coincide con señales mixtas en la manufactura: mientras algunos segmentos exportadores avanzan, el mercado interno presenta debilidad, como ocurrió con la industria de vehículos pesados.
El siguiente punto de atención será la decisión de Banxico del 5 de noviembre. Hasta entonces, los datos de inflación, la trayectoria de la Fed y cualquier señal sobre nuevos recortes determinarán si el peso logra estabilizarse o prolonga la racha negativa.







