El INAH confirmó el 26 de octubre el hallazgo de al menos 50 huellas de dinosaurios en Apatzingán, Michoacán, después del aviso de habitantes de San Juan de los Plátanos. El registro, iniciado el día 21, continúa abierto: las pisadas ofrecen evidencia del desplazamiento de animales del Cretácico tardío, pero todavía no permiten establecer cuántas especies están representadas.
Huellas de dinosaurios en Apatzingán: un registro abierto
El comunicado del Instituto Nacional de Antropología e Historia sitúa el descubrimiento en el cauce de un arroyo. Su importancia no radica solamente en la cantidad de marcas, sino en la posibilidad de estudiar cómo se movían los animales que las dejaron.
Los pobladores notificaron la presencia de pisadas inusuales y especialistas acudieron a evaluar el lugar. La intervención del investigador Raymundo Cervantes Barriga permitió reconocerlas como icnitas, es decir, huellas fosilizadas. El aviso comunitario fue el punto de partida de la investigación, no una identificación científica definitiva de cada animal.
La cobertura de El Financiero, basada en información del instituto, detalla que el registro inicial abarca unos 40 metros cuadrados de roca sedimentaria. Las marcas miden de 12 a 48 centímetros de largo y alcanzan hasta 30 centímetros de ancho.
Esos datos describen el área documentada, no necesariamente todo el yacimiento. Quedan superficies por revisar y el número de pisadas podría aumentar. Tampoco debe confundirse el total de huellas con un número equivalente de individuos: una secuencia puede contener varios pasos de un mismo animal.
La identificación de los animales todavía es preliminar
Las primeras observaciones distinguen rastros compatibles con grandes carnívoros terópodos, otros semejantes a los de raptores y huellas de herbívoros del tipo pico de pato. La clasificación utiliza características como tamaño, profundidad, forma y número de dedos; requiere contrastes adicionales antes de atribuir especies concretas.
Por ello, el hallazgo no debe presentarse como una confirmación de que un tiranosaurio de una especie determinada estuvo en ese arroyo. La relación posible con tiranosáuridos forma parte de una interpretación inicial. El propio INAH advierte que aún no se ha determinado cuántas especies podrán identificarse mediante los protocolos paleontológicos.
La antigüedad aproximada difundida por las autoridades es de 65 millones de años. Ese marco sitúa la evidencia en un pasado muy distinto al paisaje actual, pero no sustituye los análisis de las muestras de roca que acompañan el trabajo de campo.
De las fotografías a los estudios del sitio
El equipo trabaja con muestras geológicas, fotogrametría y moldes. Estas tareas permiten documentar las marcas y comparar sus características. El anuncio público es, por tanto, el comienzo de una investigación y no la publicación de conclusiones cerradas sobre el comportamiento de todos los animales representados.
El reporte de NTCD sobre la información del INAH recoge antecedentes de huellas en Playa Azul, El Aguaje y la zona entre Tiquicheo y Tuzantla. Apatzingán sumaría un cuarto sitio michoacano de este tipo.
Como ocurre con el análisis de muestras de Bennu o los ensayos científicos del X-59, obtener evidencia y validar una explicación son etapas diferentes. En Apatzingán, preservar el contexto de las pisadas será tan importante como aumentar su inventario.
Medición de una huella en el sitio de Apatzingán. Fotografía difundida el 26 de octubre de 2026 por el Centro INAH Michoacán, vía UnoTV; no corresponde a un hallazgo nuevo del día 30.







