En 37 galaxias enanas cercanas, apenas 11 de cada 100 unidades de oxígeno producido por sus estrellas permanecen, en promedio, en las propias galaxias. El balance, presentado por la NASA el 2 de noviembre, combina imágenes del telescopio Hubble con mediciones de gas. Permite ponerle cifra a un déficit que los modelos de evolución galáctica no reproducen bien.
Cómo se cuenta el oxígeno en las galaxias enanas
Para saber cuánto falta, primero hay que estimar cuánto hubo. El equipo de Kristen B. W. McQuinn reconstruyó la historia de formación de estrellas de cada galaxia. En vez de tratar toda su luz como si viniera de una sola fuente, aprovechó que Hubble puede distinguir estrellas individuales en estos sistemas, situados a menos de unos 20 millones de años luz. Lo que se observa hoy permite estimar cuántas generaciones de estrellas se formaron en el pasado.
El oxígeno no estaba allí desde el principio en las cantidades actuales. Las estrellas masivas lo fabrican en su interior y liberan parte de él al final de su vida. A partir de la historia estelar, el equipo estimó la producción acumulada. Después hizo una cuenta distinta: cuánto oxígeno sigue incorporado a las estrellas y cuánto hay en el gas de cada galaxia. Las mediciones en el infrarrojo y por radiotelescopios complementaron las observaciones ópticas, según la explicación de la NASA.
El promedio esconde diferencias entre las 37 galaxias
La fracción retenida va de aproximadamente 4% a 25%. Incluso en el extremo alto, el inventario sólo da cuenta de una cuarta parte de lo producido. Y casi todo el oxígeno que los investigadores sí pudieron contabilizar está en el gas, no encerrado en las estrellas. El 11% no describe la composición del gas: compara el oxígeno que queda con el que las estrellas de la misma galaxia habrían fabricado a lo largo del tiempo.
La cercanía de otras galaxias también cuenta. Los autores encontraron que las enanas con una vecina masiva a menos de un megapársec —unos 3.26 millones de años luz— tienden a retener una proporción mayor. La relación estadística no demuestra que esa vecina les haya cedido material. Sí invita a estudiar qué pasa con el gas que sale de una galaxia pequeña cuando hay otra mucho mayor en sus alrededores.
Lo que Hubble no vio salir
Una explicación posible es que los vientos impulsados por la formación estelar y las explosiones de supernovas transporten gas enriquecido fuera de las regiones observadas. La gravedad de una galaxia enana ofrece menos resistencia que la de una galaxia masiva. Pero el equipo no siguió el recorrido de ese oxígeno: el balance no distingue cuánto quedó en el halo que rodea la galaxia y cuánto llegó más lejos.
El estudio publicado en The Astrophysical Journal propone una prueba concreta para las simulaciones: además de reproducir la composición química observada, deben explicar por qué dentro de estas galaxias queda tan poco de lo que produjeron. Es una aplicación del archivo de Hubble en un momento en que la NASA estudia cómo prolongar la vida del observatorio y prepara instrumentos de otro alcance, como el telescopio espacial Roman.







