La presidenta Claudia Sheinbaum dijo el 21 de septiembre, durante su conferencia en Palacio Nacional, que se quitaría “un poco la investidura presidencial” para defender el proceso de Morena basado en encuestas. La intervención ocurrió en medio de inconformidades por designaciones estatales y es relevante porque vuelve a colocar bajo escrutinio la separación entre la función pública y la vida interna del partido gobernante.
Sheinbaum defiende el proceso de Morena
La mandataria sostuvo que el mecanismo utilizado por Morena para elegir coordinadores estatales es democrático y que sustituye al “dedazo” de las dirigencias. Según el reporte de La Jornada, Sheinbaum reconoció que las encuestas tienen complejidades y que siempre habrá inconformidad entre quienes no resulten seleccionados.
Antes de entrar al tema, la presidenta aclaró que apartaría momentáneamente la investidura para hablar del partido. Después elogió el trabajo de Ariadna Montiel y Citlalli Hernández, figuras centrales en la conducción y operación política de Morena, y señaló que ellas decidirán cuándo divulgar los estudios completos. La conferencia del 21 de septiembre puede consultarse en el canal oficial de Claudia Sheinbaum.
El respaldo presidencial llega cuando algunas definiciones estatales rumbo al ciclo electoral de 2027 han provocado reclamos. Sheinbaum pidió serenidad a quienes no obtuvieron una coordinación y afirmó que el proyecto debe colocarse por encima de las aspiraciones personales. También defendió a Beatriz Mojica, cuestionada después de ser nombrada coordinadora en Guerrero.
La investidura y el límite entre gobierno y partido
La frase elegida por Sheinbaum reconoce, de manera explícita, que estaba opinando como integrante del movimiento y no únicamente como jefa del Ejecutivo. Sin embargo, la declaración se produjo dentro de una conferencia presidencial organizada con recursos públicos, por lo que el episodio abre una pregunta legítima de rendición de cuentas: hasta dónde puede intervenir la titular del Ejecutivo en decisiones partidistas desde una plataforma institucional.
El artículo 134 de la Constitución obliga a las personas servidoras públicas a aplicar con imparcialidad los recursos bajo su responsabilidad, sin influir en la equidad entre partidos. La norma constituye un parámetro de conducta pública; por sí sola, la declaración presidencial no acredita una infracción. Para establecerla se necesitaría una queja, pruebas sobre el uso de recursos y una resolución de la autoridad competente.
La respuesta oficial de Sheinbaum es que el procedimiento partidista pertenece a un modelo participativo y que sus resultados no dependen de la preferencia presidencial. Esa defensa, sin embargo, será verificable sólo cuando Morena publique la metodología, las preguntas, las muestras, la ponderación y los resultados completos de sus encuestas, información que la propia mandataria dijo que eventualmente deberá abrirse.
Pugnas internas rumbo a 2027
Las tensiones no se limitan a una entidad. La discusión ocurre mientras Morena perfila a Citlalli Hernández para Cuauhtémoc y al mismo tiempo enfrenta desacuerdos con aliados por la reforma sobre doble nacionalidad. Ambos casos muestran que la selección de candidaturas y las reglas de acceso a cargos ya forman parte de una disputa por espacios y control político.
La defensa de Sheinbaum da respaldo público a la conducción partidista, pero también eleva el costo de la opacidad: si las encuestas no se publican con datos suficientes para ser auditadas, las inconformidades difícilmente se resolverán sólo con llamados a la unidad. La prueba para Morena será demostrar que sus mecanismos internos corresponden con la apertura y participación que la presidenta les atribuye.







